Bolsa e inversión. Copenhague deja heladas a las empresas españolas

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Copenhague deja heladas a las empresas españolas

La conferencia internacional organizada por la ONU alumbra un acuerdo de mínimos y sin carácter vinculante que aplaza las decisiones clave a 2010. El fracaso siembra de dudas a las compañías.

Frío, mucho frío. Es la sensación que tienen las empresas españolas tras el fiasco de la XV Cumbre del Clima (COP15) que se ha llevado a cabo en Copenhague. La razón es simple: además de las incertidumbres de la recesión económica, las compañías sufren ahora otra inquietud. ¿Cuánto tiempo habrá que esperar para un tener sustituto del Protocolo de Kioto? La culpa la tiene el decepcionante intento de que las naciones industrializadas asumieran su responsabilidad frente al cambio climático. El acuerdo que ha alumbrado Copenhague, tras unas últimas jornadas de intenso debate político, pospone a 2010 las decisiones clave para atajar el problema ecológico. En resumen, es un pacto que anuncia más negociaciones, porque establece que antes del 1 de febrero los países desarrollados deberán presentar sus nuevas metas para el año 2020.

De hecho, es un acuerdo de mínimos y sin carácter vinculante, que ha dejado a muchos participantes decepcionados. El texto final se ha quedado muy lejos de las expectativas creadas y de las necesidades de las empresas españolas, que pedían objetivos claros para desarrollar sus negocios.

Aunque el documento no propone ninguna meta de reducción de emisiones, establece la financiación que los países ricos destinarán a la mitigación y adaptación al cambio climático de las naciones en desarrollo y que será de 30.000 millones de dólares entre 2010 y 2012, y de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020. El problema reside en quién y cómo se pagará esta factura, porque la UE tiene que aportar 10.600 millones y los fondos procederán de fuentes públicas y privadas.

Con esta perspectiva, no es de extrañar que las compañías se hayan quedado heladas con el resultado de la cumbre. A este posible nuevo desembolso, hay que añadir la incertidumbre sobre la futura legislación medioambiental, que depende de las resoluciones internacionales. Además, la sombra de la duda vuelve a planear sobre el mercado de derechos de emisión, acosado por el fraude del IVA y puesto en duda por algunos expertos, que creen que habría sido mejor establecer un impuesto directo sobre la contaminación en lugar de crear una bolsa.

Frente al fracaso de los políticos, el 51% de las grandes compañías especifica objetivos de reducción para los próximos años. Sin embargo, estos programas podrían verse afectados durante 2010 si los planes de los Gobiernos varían durante los próximos meses. Esta desalentadora perspectiva tiene, por el contrario, una lectura positiva: las empresas, agentes contaminantes de primer nivel, han asumido su responsabilidad y se han puesto manos a la obra.
De cualquier manera, habrá que esperar a febrero de 2010 y a la COP16 de México para tener claro el futuro. Mientras, al suma y sigue de facturas climáticas, el revés de Copenhague puede añadir unos 350.000 millones de euros para recuperar el tiempo perdido y volver a la trayectoria inicial, según los datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

dax, de bolsa

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